jueves, 22 de abril de 2010

El Síndrome Pau Donés



De todos los placeres que uno puede regalarle al cuerpo a diario sin que ello suponga un excesivo dispendio económico ni un grave perjuicio para su salud, sin duda ninguna, el más gratificante es el de la merendola post siesta.

Sentado en mi sillón de orejas y leyendo el chiste de Garfield de las páginas centrales de La Vanguardia me hallaba cuando Benito, mi mayordomo, puntual como la denuncia de un abogado de Ramoncín, entró en el salón portando en su bandeja un platito de altramuces maridados con un batido de chocolate marca Hacendado. Bocatti di Cardenali.

No había apretado aún el primer altramuz haciéndolo salir disparado hacia mi boca cuando irrumpió en la habitación el Capitán Rumikel. Tan alborotado estaba que ni siquiera reparó en que Benito aún no había vuelto a sus quehaceres.

-       Viejo amigo –le dije- pareces alterado, ¿qué te ocurre? ¿te has vuelto a cruzar con Leticia Sabater?
-       ¿Es que no te has enterado? ¡En toda la ciudad no se habla de otra cosa!
-       Discúlpame, Capitán, mas un ataque de lumbalgia me ha tenido postrado estos tres últimos días. Y he aprovechado el reposo para ponerme al día con periódicos atrasados. ¿Sabías que Gento se ha retirado?
-       Sí hombre, para hablar de cine estoy yo ahora. Acaba de salir el último número de la revista “Blogs de tipos que hacen fotos y escriben tonterías” y hay una reseña sobre nosotros. ¿Sabes qué dice?
-       Ardo en deseos de conocerlo.
-       Lo he memorizado para no tener que comprarlo, nunca sabes cuándo puedes necesitar un euro. Escucha: “(…) y tras su vuelta a la actividad bloggil, es evidente que el caso de “Quien no tiene un blog es porque no quiere” debe apuntarse a la amplia lista de los afectados por “El Síndrome de Pau Donés”. Sin duda, una pena que bla, bla, bla…”
-       ¿El Síndrome Pau Donés? ¡¡Pero si nosotros nos duchamos!!
-       Disculpe la intromisión, señor – intervino Benito-. Debido al portazo en la cara que en su alocada entrada me dio el Capitán he escuchado, postrado en el suelo y sangrando por la nariz, su conversación. Y si me permiten, puedo explicarles a qué se refiere el redactor cuando habla de dicho mal. Contrariamente a lo que usted piensa, no tiene nada que ver con costumbres higiénicas.
-       Permiso concedido. Ilústranos.
-       Verán. Se conoce como afectado por El Síndrome de Pau Donés a aquél incapaz de hacer algo diferente a lo que una vez hizo gracia y por ende, se torna en alguien repetitivo, pesado y al que dan ganas de matar cuando te lo encuentras por la calle. Curiosamente, no se llamaba así originariamente, sino “El Síndrome Macintosh”, pero al escuchar el disco “Reciclando”, la Academia de Enfermedades Estúpidas tuvo que reunirse de urgencia y darle el nombre, por pesado. Si bucean un poco en la historia descubrirán que el primer afectado fue el galés Laurence Macintosh, que en 1937, tras el éxito de su primer libro “El glamour del mondadientes” sufrió tanta presión a la hora de escribir su segunda obra que le salió, sin quererlo, otro libro exactamente igual, llamado, claro, “El glamour del mondadientes”. La editorial se vio obligada a incluir un apartado de tomas falsas, con algunas frases con faltas de ortografía, otras cortadas a mitad con “ja, ja, jas” y similares para mantener el interés y las ventas. Tras esta experiencia, Macintosh siguió escribiendo una y otra vez la misma novela hasta que, viejo y machacado anímicamente, se suicidó clavándose un mondadientes en el corazón. Como estaba muerto, se reeditaron todos sus libros iguales y fueron varios éxitos de ventas.
-      Vaya. Me deja de piedra, Benito. Capitán, esto es una afrenta a nuestro ingenio. Mañana mismo les publicamos una historia en la que David Meca intenta cruzar a nado el canalillo de Rita Barberá. Y no escatimaremos en palabras modernas como dabuti, fetén o camiseta imperio. ¿Tienes la cámara preparada? ¡Van a ver estos quiénes somos nosotros!
-       Ejem, Vicente, yo ya sabía qué significaba lo del Síndrome.
-       ¿Y por qué no lo has dicho?
-       Porque como lo escribes tú, no me has dejado meter baza desde que ha aparecido detrás de la puerta Benito. Mira, lo he estado pensando, y creo que nos repetimos porque pasamos demasiado tiempo juntos. Así que he decidido marcharme un tiempo, ver mundo, salir de Barcelona, incluso de Catalunya. Dicen algunos que hay tierra más allá, al parecer una aixeneta lo vio desde lo alto de una torre con folre i manilles.
-       ¿Y dónde vas a ir, hombre de Dios?
-       Me ha salido una oportunidad. Es época de nostalgias y revivals, por lo que un avispado representante ha conseguido volver a reunir para una gira mundial a los Mocedades. Están todos, excepto Sergioyestíbariz, a quien yo sustituiré.
-       ¿A los dos?
-       ¿Cómo dos? Pensaba que era un nombre vasco. Pues sí, a los dos. Mi misión es hacer “mmmmmm” con la boca mientras ellos cantan “Ay, amor de hombre”.
-       Gran canción, sin duda. Si esa es tu decisión, no soy quién para cortarte las alas. Ve, Capitán, ve. Vuela libre, descubre el mundo, y mándanos postales de los lugares que visitas, cuéntanos tus andanzas y cuando hayas saciado tu sed de aventura, vuelve, que aquí estaré yo, acompañado de Benito y de unos altramuces con batido para que repongas las fuerzas. Mientras, el peso del blog recaerá en mis espaldas, aunque con lo del lumbago, no sé yo cómo quedaremos.
-       Gracias Vicente, me voy. Pero como dijo mi boomerang, volveré.

Y se fue.

Cerró la puerta y desapareció en busca de emociones. Yo me quedé toda la tarde sentado en el sillón. Apenas toqué los altramuces y no pudo acabarme el batido. Pensaba en cómo iba yo a soportar tanto tiempo sin mi amigo, deseaba que todo le fuese muy bien y ya esperaba impaciente su regreso, aunque sabía que muy probablemente, cuando volviese a cruzar la puerta de nuevo y nos abrazásemos, yo notaría en silencio que su ropa olía a leña de otro hogar…

(continuará)

2 comentarios:

mewèll dijo...

¿El capitán se va? tendremos que encargar kilos de altramuces para entretenernos hasta su vuelta. Vicente, píllate un becario. Mira yo, que como no dibujo tengo a un becario que me hace unos montajes fotográficos que me tiene a la gente entretenida enfrentándose a sus deseos y obsesiones. Que desgraciadamente a veces coinciden.

Vicente, el superintendente dijo...

Querido mewell, el capitán se va, pero gracias a su hedor corporal con el que ha impregnado el sofá, parecerá que sigue entre nosotros. Lo del becario, todo es mirarse, pero creo que por ahora no lo haré, no vaya a ser que saque a la luz mis deseos y mis obsesiones y me vea en chirona, no confundir con chirucas, que desgraciadamente a veces coinciden.